¡Regalazo de Ana Gorría!

La poeta Ana Gorría nos hace una critica de Pornobrujas que nos deja temblando y con ganas de pagar todas sus juergas veraniegas!

LA SOMBRA DE LA TRAGEDIA ES ALARGADA

El abuso y la violencia a la que se somete a la mujer es un motivo que atraviesa la historia de las artes y el imaginario desde los principios de la literatura occidental ya desde las leyendas grecorromanas presentes en la Metamorfosis como en los diferentes tratamientos que el honor que desarrolla el teatro aúreo español lleva a cabo, por ejemplo. La obraPornobrujas de Juan Gautier es un ejemplo cinematográfico de la actualización de un motivo clásico en el imaginario al mismo tiempo que el desarrollo de nuevas estrategias de representación cinematográfica y de distribución de roles que convencionalmente se asignan a las mujeres protagonistas de estas fábulas trágicas.

Pornobrujas producido por los jóvenes Andrea y Juan Gautier propone una magnífica vuelta de tuerca al tratamiento de la violencia a la  mujer en el guión y en la dirección del realizador madrileño para poner en cuestión las imágenes heredadas, de las que es imposible desligar este cortometraje, de los roles sociales que se atribuye a la mujer al mismo tiempo que supone un adelanto del talento del realizador para manejar situaciones humanas de gran complejidad tanto en lo relativo al estudio y análisis de las emociones que se ponen en escena como al análisis y cuestionamiento de los roles relativos a lo femenino y masculino.

La historia arranca cuando Andrea, Paula, Ivy y Ana, componentes de un grupo de Punk-Rock denominado Pornobrujas, emprenden una gira por la Península Ibérica. La película se instala en el ambiente juvenil de una gira en carretera por diversos pueblos de España, focalizándose las relaciones entre las distintas componentes del grupo, relaciones que evocan un trasfondo similar a las películas iniciadoras de esta mirada adolescente, con ejemplos como American Graffiti o algunas películas que se incluyen en el subgénero delroad movie. De este modo nos situamos en la rutina de un grupo de mujeres jóvenes, casi adolescentes, que han decidido mostrar su espectáculo musical por distintos bares musicales de España hasta llegar a un Festival en Levante, lugar en el que el grupo decide alojarse en la casa de verano de una de los componentes del grupo, Paula, con el fin de ahorrarse los honorarios del hotel y pernoctar aquí. El grupo de mujeres, y uno de los hallazgos de Juan Gautier es presentar un grupo no homogéneo en que las personalidades femeninas se encuentran perfectamente delineadas, lejos de caer en las imágenes heredades alrededor de los roles de la mujer, cuestionan en el comportamiento interno del grupo los arquetipos a los que se asimilan tras una traumática experiencia ante la que cada una adopta estrategias psíquicas de muy diversos caminos. Al ir a pernoctar en la casa levantina de los padres de Paula, coinciden en el mismo lugar con un grupo de chicos de edad más o menos parecida con los que comparten alcohol y drogas, con el objetivo de disfrutar y airearse después del concierto.

Es en este momento de la trama donde surge un punto de inflexión que transforma la comedia adolescente de road movie en el que parecía haberse instalado el cortometraje: un grupo de jóvenes rockeras que eluden todos los arquetipos de la femineidad convencional, para convertirse en una tragedia contemporánea. Mientras fuman y beben con jóvenes de la región empiezan a sufrir un acoso que las va intimidando hasta el momento en que el grupo de muchachos las persigue, por no acceder a sus deseos, y abusan de ellas sexualmente al mismo tiempo que las proporcionan una terrible paliza. En ese momento el resto del grupo que se encontraba en el Apartamento acude ante el grito de auxilio de sus compañeras y consiguen zafarse de los muchachos que habían violado a una de las componentes del grupo y aporreado salvajemente a la otra.

El desarrollo de la acción cinematográfica, que hasta este momento parecía amoldarse al género de las comedias de adolescentes adquiere aquí el tinte de cine de ideas. Y es precisamente en el momento en que se busca una solución a la brutalidad con que se ha tratado a dos de las componentes del grupo de Pornobrujas cuando se sitúa bajo el modelo de cine de ideas en una particular asamblea en que cada una de las mujeres que protagonizan el filme propone formas muy distintas de enfrentarse al hecho, diversidad que se corresponde también con los debates de las posturas feministas.

La delicadeza y la solidez estructural con que Juan Gautier desarrolla este cortometraje dan buena cuenta de su saber hacer cinematográfico, a la hora de llevar a cabo un análisis de la asimetría social que preside las relaciones entre hombres y mujeres y que se muestra en reacciones de exclusión social y de violencia.

Así, este cortometraje que como ya he dicho se plantea en sus inicios como una comedia de emancipación adolescente: un grupo de punk-rock de mujeres que luchan por alcanzar su sueño se traba, en función de la violencia machista, en una tragedia en la que cualquiera de nuestras protagonistas se podría llamar  Leda, Europa, Casandra, dado que la violencia sexista “se representa como heroica, necesaria o con resultados positivos para la historia. Por ello, queda de algún modo, legitimada. Los únicos indicios de deslegitimación, que podrían llevar a considerar como inadecuado o negativo el acto de la violación son algunas consecuencias “horribles” a que dan lugar las violaciones, hijos horribles o deformes” (2008:2).

El acierto de Juan Gautier en su guionización y realización del cortometraje estriba en hacer visible pero no homogéneas las reacciones de cada una de las protagonistas ante el traumático y gratuito abuso y en situar a sus personajes fuera del arquetipo que la imaginación colectiva tradicionalmente les ha concedido. Una problemática que se instituye común al desarrollo de autoras como Virginia Despentes, y su libro teoría Kin-Kong, o las reflexiones de autoras como la ensayista y filósofa Beatriz Preciado. En este aparato de pensamiento que busca inquirir, cuestionar y transforman la convencionalización de los roles masculino-femenino es donde se instala a un nivel tanto estético como ideológico Juan Gautier:

“Sin embargo, como chica por la que los hombres se interesan poco estoy rabiosa, mientras todos me explican que ni siquiera debería estar ahí. Pero siempre hemos existido. Aunque nunca se habla de nosotras en las novelas de hombres, que sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado. Incluso hoy que las mujeres publican muchas novelas, raramente encontramos personajes femeninos cuyo aspecto físico sea desagradable o mediocre, incapaces de amar a los hombres o de ser amadas. Por el contrario, a las heroínas de la literatura contemporánea les gustan los hombres, los encuentran fácilmente, se acuestan con ellos en dos capítulos, se corren en cuatro líneas y a todas les gusta el sexo.” (2007: 8)

El desarrollo de la trama, como ya he podido sugerir, se inicia con una clave de comedia adolescente. Solo en el momento en que el tono del filme lleva a cabo una transición es en el instante en que dos de las cinco componentes de Pornobrujas sufren una brutal agresión.  Es en ese momento en que las cinco protagonistas adoptan la postura de un coro griego y se introducen en un diálogo en que cada una tomará una postura distinta: Negar lo sucedido, no confiar en la justicia regida por códigos patriarcales, emprender una venganza. La inteligencia de Juan Gautier quiebra el desarrollo de este cortometraje en este punto de inflexión en el que el grupo consigue sobrevivir a la violencia ejercida pero no hace partícipe al espectador de la solución que el grupo de jóvenes músicas adoptará ante el abuso al que se han visto sometidas.  Juan Gautier en su breve y eficaz cortometraje desarrolla los pasos de la tragedia clásica: Prólogo, Párodos, Episodios para utilizar como el clímax de su obra cinematográfica el Estásimo, es decir, aquella parte que para la teoría aristotélica era la responsable de la expresión de las ideas políticas, filosóficas, antropológicas. Juan Gautier, con hábil inteligencia, decide anteponer el fundido en negro a la propia consideración de catarsis como purga moral para el espectador.

Y sin embargo esta elusión del término catártico es tanto en cuanto más efectiva a nivel conceptual para distanciarse de una posición paternalista respecto a sus trágicas heroínas. El cortometraje, que como he venido diciendo se inicia como una road movie, termina, frente a este inciso trágico, como una road movie. En el análisis de las relaciones de género y de los personajes femeninos que presenta su autor ninguna de nuestras heroínas ha sido tocada por la inexorabilidad de un destino que no les pertenece.

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